TYCHO BRAHE, astrónomo danés, se destacó por sus observaciones de la posición de diferentes objetos celestes; estas observaciones son notables por su precisión, que supera a la de todos sus antecesores, y por la regularidad de su continuidad. Sus contribuciones más importantes se refieren a una estrella nueva (nova) descubierta en 1572, a la interpretación de los cometas, y a las posiciones del Sol, la Luna y los planetas, particularmente el planeta Marte.
En su obra De Nova Stella, se refiere a «Una nueva estrella, no vista previamente según el recuerdo de todas las edades desde el principio del mundo», y en ella dice:
Su primera aparición en 1572. El año pasado (1572), en el mes de noviembre, en el día undécimo de ese mes, al principio de la noche, después de la puesta del Sol, cuando, de acuerdo a mi costumbre, estaba contemplando las estrellas en un cielo despejado, observé que una estrella nueva y extraordinaria, que sobrepasaba a las otras estrellas en brillo, resplandecía casi directamente sobre mi cabeza; y ya que yo tenía conocimiento perfecto, casi desde mi niñez, de todas las estrellas del cielo (no hay gran dificultad para lograr tal conocimiento), era enteramente evidente para mí que en ese lugar del cielo nunca antes hubo ninguna estrella, ni siquiera la más pequeña ni mucho menos. una estrella tan conspicuamente brillante como ésta. Estaba tan asombrado con lo que estaba viendo que no sentí vergüenza de dudar de la confiabilidad de mis propios ojos. Pero cuando observé que otros, también al señalarles el lugar podían ver que había realmente una estrella allí, no tuve más dudas...
- ... Por consiguiente esta estrella estará ubicada en los cielos mismos, ya sea en la octava órbita con las otras estrellas fijas o en las esferas que están inmediatamente debajo. Que no está en la órbita de Saturno, o en la de Júpiter, o en la de Marte, o en la de cualquiera de los otros planetas, es evidente por el hecho siguiente: después de un lapso de seis meses no ha avanzado por su propio movimiento ni un solo minuto desde el lugar en el cual la vi por primera vez; y habría hecho esto si estuviese ubicada en alguna órbita planetario...
- . ..Yo concluyo, por esta razón, que esta estrella no es ninguna clase de cometa o un ígneo meteoro, ya sea que éstos se generen bajo la Luna o sobre la Luna, pero que es una estrella que brilla en el firmamento mismo, una que nunca se había visto previamente antes de nuestro tiempo, en ninguna época desde el comienzo del mundo.
Tycho Brahe sentía una profunda admiración por la obra de Copérnico; sin embargo, estaba demasiado atado a los prejuicios de su tiempo para aceptar el sistema heliocéntrico. Rechazó, pues, el modelo de Copérnico y, descontento con la teoría Ptolomeo, buscó, hacia 1583, una imagen que conservara la inmovilidad de la Tierra y ofreciera las ventajas de la hipótesis copernicana. En el esquema de Tycho, los cinco planetas giran en torno del Sol y, a su vez, éste circula en un año en torno de la Tierra, mientras que todo el mecanismo, juntamente con las estrellas fijas, es arrastrado por una revolución diurna en torno del globo, centro estable del universo. Idéntico al de Apolonio, el sistema de Tycho no es menos cómodo que el nuestro para prever y registrar los movimientos celestes. Sin embargo, la equivalencia de ambos modelos desaparece cuando la descripción deja de ser cinemática para transformarse en dinámica. Por ello, la propuesta cosmológica de Tycho jamás hubiera podido irrumpir. Aunque condenado al olvido por esta razón, el sistema del astrónomo danés no fue por completo inútil; por algún tiempo sirvió de refugio a tímidos astrónomos que, habiendo roto con Ptolomeo, no tenían la voluntad de optar por Copérnico.
La capacidad genial para observar y medir es compatible a veces con una fe miope en los peores prejuicios científicos. El ejemplo de Tycho lo prueba. El astrónomo de Uraniaburgo, renovador del instrumental astronómico, creador de un admirable catálogo estelar, se entregó sin crítica a las creencias astrológicas del medioevo. En los umbrales de la era telescópica, la cosmología del gran escudriñador de los cielos no se distingue mucho de aquella de los babilonios. Tycho llegó a explicar los estragos de la peste que en 1563 azotaba a Europa por la conjunción de Saturno y Júpiter en la constelación del León. Cuando su contrincante le cercenó la nariz, él se consoló buscando en su horóscopo los presagios de tal desdicha.
Tycho debió abandonar su patria, Dinamarca ,en 1588, debido a la muerte de su protector y mecenas Federico II, dirigiéndose a Praga donde se acogió bajo la protección del emperador Rodolfo II, que compartía con Tycho la creencia en los sueños astrológicos y quién lo nombró matemático de la corte.
En el nuevo ambiente de Praga encontró a Kepler, el hombre elegido por el destino para continuar su obra, y sacar de las observaciones del astrónomo danés el inmenso tesoro cognoscitivo que había quedado escondido para el propio Tycho. El paso de Tycho Brahe por Praga fue de corta duración; el tiempo le faltó para realizar sus numerosos proyectos y crear nuevas tablas planetarias. A la edad de cincuenta y cinco años murió súbitamente en 1601, víctima de la etiqueta, pues falleció a consecuencia de una retención urinaria que se había impuesto durante un paseo con el emperador.
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