| Los sistemas binarios como el GRO J0422+32 pueden estar inactivos por décadas, activándose sorpresivamente dentro de períodos irregulares. La observación de las variaciones de energía, los abruptos incrementos, y sus correspondientes mediciones de los rayos gamma que emiten estos objetos son de gran importancia para los estudiosos del cosmos, ya que ello les permite una mejor comprensión sobre la estructura física de estos astros. Las radiaciones normalmente provienen desde el centro del objeto, como si fueran emitidas por un poderoso motor central que se encuentra empotrado ahí. El poder estudiar estos objetos ubicados como parte de las estructuras espaciales, a través de la investigación de la emisión de rayos gamma, coadyuva sustancialmente a los científicos a incrementar el stock de conocimientos de las ciencias que se articulan para estudiar el universo.
La historia moderna de los agujeros negros tiene ya varios lustros y ha recorrido un largo camino que va desde el campo de las teorizaciones matemáticas a casi los límites de la imaginación científica. Es rutina ya la invocación que se hace de ellos para explicar detecciones observacionales de inmensas fuentes de energía en una región pequeña del espacio. Pero las evidencias que se tienen sobre la existencia de los agujeros negros, científicamente, todavía no se pueden considerar como duras. En otras palabras, la historia de los agujeros negros sigue siendo matizada por la duda y, en algunos casos, por la incredibilidad. Eso sí, se esperan cantidades mayores de pruebas observacionales que, sumadas a las actuales, invoquen a la opinión científica para que se decante gradualmente en favor o en contra de la idea de los agujeros negros. Pero, dentro del mundo de los científicos, mayoritariamente se espera que la historia de los agujeros negros acabe al final con un clamor espectacular.
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A los inicios del tercer milenio de la humanidad, pienso que sería un absurdo no reconocer los muchos avances que se han logrado en la astrofísica sobre el conocimiento de como nacen, viven y mueren las estrellas. Se conocen ya las principales características de la evolución estelar. Las estrellas han bajado desde el imperio del misterio al del más amistoso. Nacen, viven y mueren como cualquier ente, objeto o ser viviente que cohabite en el cosmos. Y, al igual que los seres vivos que habitan en nuestra Tierra, sobreviven en una sociedad de dimensiones que, a escala humana, parece inconmensurable: la del universo. |
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