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Hay que tomar en consideración que los conceptos de simetría se aplican a las leyes generales de la física, no a configuraciones o acontecimientos específicos. En el ejemplo que di, es importante que dos sistemas cualesquiera de coordenadas (no simplemente algunos) puedan transformarse uno en otro mediante una traslación y una rotación. Además, si dos físicos cualesquiera, deducen las mismas leyes de la física utilizando distintos sistemas de coordenadas, podemos extraer la conclusión de que las leyes de la física son translativa y rotatoriamente invariantes: se aplican independientemente del lugar en que uno esté emplazado o de la orientación que se tenga en el espacio. Las simetrías de las leyes de la física expresan así una invarianza.
Hasta ahora, hemos abordado las translaciones y las rotaciones en el espacio tridimensional ordinario. Pero si reflexionamos un poco comprenderemos que esas mismas ideas deben generalizarse y aplicarse al espaciotiempo cuatridimensional de Minkowski, lo cual es importante para las leyes de transformación espaciotemporal de Einstein entre observadores en movimiento. Los físicos saben que el sentido más profundo de la teoría de la relatividad restringida o especial de Einstein es que las leyes de la física sólo son invariantes para operaciones de simetría que corresponden a rotaciones y traslaciones en el espaciotiempo cuatridimensional. Si establecemos esta condición de simetría (que es lo mismo que exigir que sea válida la relatividad especial) descubrimos algo muy notable.
Uno de los primeros que investigaron esta relación de las transformaciones de Einstein con el «grupo de simetría» y la aplicaron a las partículas cuánticas fue un físico de Princeton, Eugene Wigner. Wigner escribió en 1939 un artículo que demostraba cómo esas consideraciones puramente matemáticas de la teoría de grupo podían permitir la clasificación de las partículas cuánticas, lo que constituía un acontecimiento notable y trascendental. Lo que consiguió Wigner recuerda en varios sentidos lo que había logrado la generación anterior de científicos que clasificó todos los cristales posibles mediante el uso de grupos de simetría, los llamados «grupos cristalinos», de retículas espaciales periódicas. Si bien los cristales pueden representarse en retículas espaciales, objetos del tipo de las partículas cuánticas (o, en realidad, cualquier objeto dado que existe en espaciotiempo cuatridimensional) deben ser representaciones de las correspondientes simetrías de espaciotiempo encarnadas en las transformaciones einstianas. Wigner demostró que esto permitía clasificar las partículas cuánticas.
Demostró primero que toda partícula cuántica podía clasificarse según su masa en reposo. Si la partícula se movía y su masa en reposo no era cero, podíamos suponer que nos movíamos a la misma velocidad que la partícula, de modo que respecto a nuestro propio movimiento la partícula estuviese en reposo, y medir así con exactitud su masa en reposo. Por otra parte, sí la masa en reposo de una partícula fuese exactamente cero (como la del fotón, la partícula de luz), se movería siempre a la velocidad de la luz y jamás podríamos movernos a la misma velocidad. Así pues, todas las partículas podían clasificarse según su masa en reposo, fuese ésta cero o no.
Los trabajos de Wigner admitían también la existencia de dos «taquiones», partículas hipotéticas que se movían siempre a una velocidad superior a la de la luz. Gerald Feinberg, en 1967, propuso que quizá existan partículas con velocidades superiores a la de la luz, las llamó «taquiones». Para ellas la de la luz seguiría siendo una velocidad límite, pero un mínimo, no un máximo. Sin embargo, no sabemos si en realidad existen, ya que no se han podido detectar. Tampoco, nadie ha logrado formular jamás una teoria matemática coherente de taquiones interactuantes. Por ahora, el único lugar donde se pueden encontrar «taquiones» es en los glosarios de física y diccionarios.
El segundo principio de clasificación importante de Wigner es que toda partícula cuántica ha de tener un espín definido. Podríamos imaginarnos las partículas como peoncitas que giran. Este giro o espín en unidades especiales, sólo podía tener los valores 0, 1/2, 1, 3/2, 2, 5/2, 3... o un entero o un valor semientero; el espín era cuantificable. Si se descubriera alguna vez una partícula con un espín de 1/6 esto entrañaría una violación de la relatividad especial y seria una grave falla de las leyes físicas.
Las partículas de espín entero, 0, 1, 2... se denominan «bosones» mientras que las de espín de medio entero, 1/2, 3/2, 5/2... se denominan «fermiones», diferenciación de suma importancia, porque cada grupo de partículas en giro interactúa de modo muy distinto con otras partículas. Por ejemplo, el número total de fermiones que intervienen en una reacción tiene que ser igual al número total de fermiones resultantes... los fermiones se conservan. Pero esa ley de conservación no rige con los bosones.
El sistema de clasificación que ideó Wigner en 1939 tiene gran importancia y trascendencia, desde el punto de vista de la teoría cuántica, debido a que las diversas propiedades de que se valió para clasificar las partículas (masa, spin, etc.) no estaban sometidas al principio de incertidumbre de Heisenberg. Podemos determinar la masa y el spin de una partícula simultaneamente con absoluta precisión. De ahí que tales propiedades (pero no otras) tengan valores precisos para cada partícula; pueden considerarse los atributos de las partículas cuánticas.
Wigner se basó en la idea de que las transformaciones einstianas eran un grupo de simetría del espaciotiempo de Minkowski, una de las primeras aplicaciones fructíferas de los principios de simetría en la moderna física de partículas. Era una idea especialmente fecunda aplicada a sistemas multiparticulares, como por ejemplo el núcleo atómico, compuesto de protones y neutrones. Lo importante de la idea de Wigner era el hecho de que cuando uno aplicaba la condición algebraica del grupo de simetría en una descripción matemática del mundo, automáticamente se presuponía no sólo que se cumplirían los principios de la relatividad especial sino, además, que en ese mundo, las partículas podían clasificarse con sencillez. De una sola condición brotaba una rica estructura de deducciones.
De una u otra manera, la simetría impulsa a la física. De hecho, todas las realidades emanadas de sesudos trabajos matemáticos y descritas en literatura que hemos analizado en esta sección están relacionadas con la simetría que concebimos en aceptación general para el universo. A las que he vinculado con la conservación de la energía y, por ello, se las llama simetrías espaciotiempo, por la obvia razón de que se relacionan con las simetrías de la naturaleza asociadas con el espacio y el tiempo, y para distinguirlas de las que no lo están. Se vinculan íntegramente entonces con la teoría especial o restringida de Einstein. Como la relatividad pone al tiempo en igual condición que al espacio, hace patente una nueva simetría entre ambos. Los une en una nueva y única entidad, el espaciotiempo, que conlleva un conjunto de simetrías que no están presentes cuando se consideran el espacio y el tiempo en forma desagregada. En verdad, la invariante de la velocidad de la luz es, en sí misma, señal de una nueva simetría de la naturaleza, que conecta el espacio y el tiempo.
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