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Ya en la sección N° 4 de este octavo capítulo incursionamos en esta misteriosa constante cosmológica que propuso (y recusó después) el mismísimo Albert Einstein. Claro está, que cuando Einstein la propugnó, por allá, en la segunda década del siglo XX, no se conocía todavía el descubrimiento de la expansión del universo. Einstein introdujo en sus ecuaciones tensoriales de la relatividad general el término de la constante cosmológica L. Lo hizo, por que estaba seguro que el universo tenía que ser estático. En ese acto, introduce una nueva fuerza «antigravitatoria», que, al contrario que las otras fuerzas, no provenía de ninguna fuente en particular, sino que estaba inserta en la estructura misma del espaciotiempo. Él sostenía que el espaciotiempo tenía una tendencia intrínseca a expandirse, y que ésta tendría un valor que equilibraría exactamente la atracción de toda la materia concentrada en el universo, con ello, entonces, sería posible la existencia de un universo estático y, de paso, evitaría el colapso que las propias ecuaciones de la relatividad general pronosticaban.
Ahora bien, cuando Edwin Hubble en la década de los veinte del siglo XX descubrió la expansión del universo, el término le pareció superfluo a Einstein y el mayor error de su vida como científico, pero hasta le década de los ochenta se siguió considerando en las ecuaciones de la relatividad general para que ésta no perdiera su coherencia. Pero con la evolución de las teorías cuánticas de campos la constante adquirió otro valor teórico, pues estas predicen una densidad de energía de vacío que se puede comportar, para todos los efectos, como una constante cosmológica eficiente, como ya vimos en la sección N° 08.09.03 de este mismo capítulo.
Pero aquí nos interesa estudiarla en aplicaciones que se relacionan con la sección precedente. En esa sección, evaluamos un límite inferior para el radio de curvatura del espacio a partir de la ecuación dinámica, haciendo la hipótesis L = 0. Aquí, vamos a usar algo diferente. Reintroducimos la constante cosmológica y utilizamos los límites observacionales para el radio de curvatura, así como las observaciones ya discutidas de W y de H0 para obtener estimaciones sobre L a partir de la ecuación dinámica completa
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