HALOS DE MATERIA OSCURA

11.03.01

Materia Oscura. Telescopio Franco-Canadiense










Cuando observamos ciertos sistemas estelares hemos detectado que sus componentes parecieran moverse a velocidades no correspondidas con las leyes de la física, ya que sus desplazamientos comportan una mayor velocidad que la que es de esperar en función de lo que determinan esas respectivas leyes. Si la única masa existente es la que podemos inferir por la luminosidad de esos objetos, entonces la atracción gravitacional entre ellos sería insuficiente para mantenerlos juntos; el sistema se desintegraría (pero tenemos más de una evidencia sólida para pensar que estos sistemas son relativamente estables). Así llegamos al tema central de esta sección, a la materia oscura. Materia, que hasta el día de hoy, no hemos podido ver; de la cual no sabemos su composición, ni si quiera si se trata de un tipo conocido de materia y que, solamente, hemos logrado detectar fenómenos gravitacionales y efectos que se producen alrededor de estrellas que se encuentran sometidas a observaciones bajo la aplicación de diferentes técnicas, entre ellas, la de microlenticulación, de la cual nos referiremos más adelante. Lo concreto es, que lo que hay hasta ahora, es poco. Podemos señalar que, por el momento, la única motivación de los astrofísicos para introducir a la materia oscura en las ecuaciones, es aumentar la atracción gravitacional entre los objetos que conforman estos sistemas estelares, para que no se desintegren cuando son expuesto en un escenario matemático computacional. Pero el problema está que científicamente no podemos agregar masa a una galaxia impunemente.

DarkMatter
[Fig.11.02.02] ¿Es suficiente la fuerza de gravedad para contener el reluciente gas caliente de la galaxia? La fotografía de arriba muestra una masa de gas caliente graficada con un ficticio color rojo, que se ha sobre puesto a otra de galaxias. El gas aparece cautivo por una «sobre gravitación», cuyo origen se desconoce. El cuadro, corresponde a tomas de rayos X tomadas por el ROSAT. Se trata de una evidencia sobre la existencia de «sobre gravedad» que se observa en las galaxias.

Además, el problema inquieta más aún a los físicos, ya que se requieren cantidades enormes de ese material invisible. Ya señalamos que por lo menos el 90 por ciento del universo no es visible, lo que da cabida a suponer que debería estar estructurado por este material, y si observaciones recientes de cúmulos de galaxias prueban ser veraces, más del 97 por ciento del universo en el que cohabitamos estaría constituido de materia desconocida.

Para la cosmología adquiere ribetes de excepción confirmar la existencia de la materia oscura y, a su vez, determinar de que está formada. El modelo estándar del universo , basado en la teoría de la relatividad general de Einstein , hace predicciones precisas, muy sensibles a la cantidad de material normal presente en el universo, de las proporciones que deben de existir de los primeros elementos de la tabla periódica: hidrógeno, helio y litio. Ahora, cuál es el valor de estas predicciones si sólo están referidas al tres por ciento de la materia que podemos medir. Más importante aún es que, por la sensibilidad de estas predicciones a la cantidad de material normal presente en el universo, esta materia invisible tiene que estar estructurada de elementos exóticos y distintos a los ya conocidos. No solamente necesitamos detectar la materia oscura, sino que además, si es posible, tocarla, olerla e incluso degustarla si es factible, si no es así, todo el modelo estándar puede tener una espada de Damocles sobre sus espaldas.

La gran cantidad de materia oscura, que presumimos que existe, tuvo que jugar un papel significativo en la evolución del universo, ya que sin su rol gravitatorio éste literalmente se habría expandido aceleradamente, inmediatamente después del Big Bang, y las estructuras de los hermosos racimos de galaxias que actualmente observamos no se habrían podido desarrollar. Si esa masa está hecha de neutrinos, puede ser explicada dentro del marco de la teoría cosmológica existente. Pero el modelo estándar debería ser extensamente revisado si los movimientos peculiares son causados por la materia bariónica ordinaria (llamada así porque las partículas que contribuyen en mayor medida a su masa -protones y neutrones- pertenecen a la familia de partículas basadas en el quark y conocida colectivamente como bariones). Los bariones extras invalidarían una parte importante de la teoría que explica el equilibrio de los elementos detectados en la materia luminosa. Este equilibrio ha sido calculado como una consecuencia de la síntesis de los núcleos atómicos en el universo primitivo, en una secuencia de acontecimientos detallados por físicos como George Gamow y Fred Hoyle.

En consecuencia, la mayoría de los científicos que orientan sus estudios a conocer el universo consideran que la materia oscura, que hasta ahora no vemos, en su porcentaje más importante, no es bariónica, eliminando así como componentes mayoritarios candidatos de base bariónica tales como agujeros negros, nubes de gas, estrellas enanas poco luminosas, etc. ; sin desconocer, también en ello, la incertidumbre que rodea al tema.

Pero antes, recordemos que cuando hablamos de materia oscura, nos estamos refiriendo al halo oscuro sin rasgos que se extiende al menos 100.000 años luz más allá del halo marcado por los cúmulos globulares. Nunca ha sido observada de forma directa, pero varias líneas de argumentación, incluidos los estudios ópticos de los índices de rotación galácticos, indican que este halo rodea la mayor parte de las galaxias espirales típicas. Ahora, cuando hablamos de masa faltante estamos pensando en la hipótesis de un universo con una W=1, y cuya distribución sería la siguiente:

Componente

Fracción de la masa en función de W=1

Estrella y gas neutro

~ 1%

Gas ionizado

~ 3%

Total de materia bariónica

~ 4%

Materia oscura

~ 30%

Energía de vacío o constante cosmológica

~ 66%

¿Qué podría ser la materia oscura de naturaleza no bariónica? La alternativa no bariónica que se han propuesto, al margen de los neutrinos, es una proliferación de pequeñas supercuerdas cósmicas, supuestas reliquias del Big Bang que retienen la insondable densidad de una posible era en dominios unidimensionales. Otras posibilidades son hipotéticos descendientes de la física de partículas avanzada WIMPs (Weakly Interacting Massive Particle) , extrañas criaturas con nombres como axión, fotino y gravitino. Al contrario que los neutrinos, sin embargo, ni las partículas exóticas ni las supercuerdas cósmicas han aparecido nunca en ninguna parte excepto en las teorías.

Pero ¿cómo se pudo acumular esa materia oscura y desconocida en la estructura de las galaxias y, a su vez, afectar su comportamiento gravitacional? Las propias características «discrecionales» de esa materia, aquí resulta una ventaja para una respuesta convincente. Recordemos que la acción de los fotones neutraliza cualquier tentativa de condensación de la materia ordinaria (electrones, protones) antes de la emisión de la radiación cósmica de fondo. Pero la materia oscura interacciona muy poco con la luz (si no, ya se le habría detectado). Sometida a su propia gravedad, no debería tener impedimentos para comenzar su propia acumulación antes de la formación de los átomos de hidrógeno, cuando el universo comportaba una temperatura de 3.000ºK. ¡He aquí el quid del asunto!

Esa precoz condensación de esa materia, hasta ahora desconocida, habría tenido como efecto sembrar el espacio de una colección de «bolsones» oscuros, exóticos y sobredensos. Esos bolsones discretos servirían de núcleos de condensación para las futuras estructuras, sin por ello perturbar la isotermia del cielo. Más tarde, después de la emisión de la radiación cósmica de fondo, la materia bariónica podría «caer» en ellas. Esta caída aceleraría considerablemente la germinación de las galaxias.

Esta hipótesis no sólo entrega herramientas explicativas para la velocidad de las estrellas en las galaxias, así como de las galaxias en sus cúmulos, sino que también de que la materia oscura jugaría otros roles cosmológicos. Por una parte, daría al universo un porcentaje importante de su densidad. Por otra parte, podría explicar el origen de las galaxias, materia tan deseada para la física.

De los muchos tipos de partículas elementales que podrían explicar la constitución de la materia oscura, se encuentran los neutrinos, que vienen a ser los únicos cuya existencia se encuentra comprobada.

"El neutrino es tan pequeño, no tiene carga, no tiene masa, de la materia hace tabla rasa. La Tierra es sólo una torpe esfera para él, a través de la cual pasa como aseadora por una limpia estera." (1)

Ha venido siendo una especie de hábito –dentro del mundo de los físicos– contar con la participación de los neutrinos para una serie de variadas explicaciones. La razón de ello, se puede encontrar en su eficiente discrecionalidad. Su interacción con el resto del mundo es suficientemente débil como para ser considerado materiales «oscuros». Son candidatos viables para la materia oscura desde el año 1980, cuando el físico ruso Yacob B. Zel'dovich, del Instituto de Matemáticas Aplicadas de Moscú, planteó que las fluctuaciones de densidad en un gas de neutrinos de gran tamaño que ocupase el universo formarían grumos del tamaño de supercúmulos en la bola de fuego primordial y se colapsarían en bolsones de neutrinos. Más tarde, los átomos de hidrógeno, formados unos 300.000 años después de la gran explosión, serían atraídos gravitatoriamente a los bolsones de neutrinos pre-existentes, formando así, un denso gas caliente. Al cabo de una largo tiempo, este protocúmulo de gas hidrógeno se habría fragmentado en grumos del tamaño de galaxias por una serie de complejos procesos físicos. Así pues, en este modelo las galaxias son, en cierto modo, unas recién llegadas al escenario cósmico, lo que de hecho ya constituye un problema. Las galaxias tienen aproximadamente casi la misma edad que el universo, son viejas, no jóvenes.

Detector Neutrinos

Pero se presenta otro problema. Si bien la teoría del Big Bang afirma la existencia de una radiación de neutrinos fósiles, estimada en cerca de 450 neutrinos por centímetro cúbico; ¿sería capaz este gas de neutrinos, disperso en bolsones uniformes por el universo, ser la base de la constitución de las galaxias y el componente de la materia oscura?

Podría ser, siempre que esta partículas tuviesen individualmente una masa lo suficientemente densa, de unos treinta eV. Si fuese así, no sólo le otorgarían al universo la densidad crítica, sino que también constituirían la materia base para la generación de las estructuras galácticas. Pero de las tres variedades reconocidas de neutrinos (electrónicos, muónicos y tauónicos), al menos las dos primeras, no tendrían masa. En consecuencia, no sería viable contar con ellos como para cerrar el capítulo de esas dos grandes interrogantes cosmológicas.

Claro está, que la tercera variedad –que sería el tauónico– podría ingresar a la categoría de másico y, así, participar de la densidad cósmica. Ello siempre que se confirmara el anuncio hecho, en el año 1999, por los integrantes japoneses del experimento Super-Kamiokande, de haber detectado una masa al neutrino tauónico de 9 eV. Pero, por un lado, es algo que se encuentra en proceso de confirmación y, por otro, la masa no llegaría a los 30 eV.

Sin embargo, aunque esa tercera variedad de neutrinos apareciera como la constituyente de la enigmática materia oscura, igual dejaría problemas pendientes. Ellos estarían radicados en la velocidad con que se desplazan estas partículas por el espacio. Los neutrinos, con y sin masa, se mueven muy rápidamente, prácticamente a la velocidad de la luz. Agrupados transitoriamente en un lugar del espacio, se dispersan aceleradamente en todo los sentidos. Un bolsón de neutrinos se extiende con gran velocidad. Pronto se hace demasiado grande para dar origen a una galaxia. En rigor, podrían dar cabida a que se constituyeran las estructuras gigantes del cosmos, como podrían ser los supercúmulos, pero en ningún caso las galaxias individuales. Por ello, la alternativa de otras partículas cuánticas, no tan rápidas.

Pese a que para el modelo estándar de la física de partículas los neutrinos carecen de masa; no obstante, caben modificaciones a la teoría que permiten la existencia de neutrinos másicos, como sería la variedad de los tauónicos. Al ser los neutrinos una partícula sin masa o muy ligera, ello les permite moverse a velocidades de la luz o muy cercana a ella, lo que los convierte en lo que se denomina partículas relativistas. También, a estas partículas relativistas, como otras de semejantes características, en cosmología se les suele llamar «materia oscura caliente» (del inglés Hot Dark Matter o abreviado HDM).

La contraparte al modelo de protocúmulos en forma de bolsones es la teoría según la cual se formaron primero las galaxias y no empezaron a agruparse en cúmulos mayores hasta fechas recientes. Si la materia oscura se agrupa en los grumos más pequeños, tamaño galaxia, debe estar formada por partículas cuánticas que aún ni siquiera conocemos de que se tratan y que, sin embargo, las estamos denominando como WIMPs. Es improbable que esas hipotéticas partículas (gravitinos, fotinos, y axiones) puedan ser detectadas directamente en experimentos de laboratorio, debido a su debilísima interacción con otra materia. Sólo pueden «verse» como la hipotética materia oscura de las galaxias. Esto para muchos les puede aparecer hasta espurio. Un invento para explicar la incapacidad humana para describir la evolución de las galaxias con una partícula que es, por lo demás, desconocida e indetectable.

Pero, salvo que se encuentre una explicación mejor para el peculiar movimiento que se observa en las galaxias, la existencia de materia oscura y fría en los halos galácticos corresponde a una buena dilucidación a un problema cosmológico vigente.

Ahora bien, la razón por la cual mayoritariamente se postula a una hipotética partícula cuántica de interacción débil con la materia ordinaria a la cual ya se le ha denominado WIMPs, se debe a que ellas podrían constituir en la actualidad un gas halogaláctico y que, en el pasado primigenio, pudieron formar grumos de materia oscura en el universo primitivo justo del tamaño preciso para constituir posteriormente las galaxias. Los grumos de materia oscura del tamaño de galaxias se congregarían más tarde gravitatoriamente (arrastrando consigo las galaxias) hasta convertirse en cúmulos y supercúmulos, formando filamentos y agujeros.

Cuando se piensa en las hipotéticas partículas WIMPs como componentes medulares de la materia invisible halogaláctica, se está considerando a partículas relativamente masivas, del orden de GeV que se mueven a velocidades significativamente menores a la de la luz, y que solamente interactuarían sólo a través de la fuerza débil y de la gravedad . A este tipo de partículas se les suele llamar también «materia oscura fría» (del inglés Cold Dark Matter, abreviada CDM), y su búsqueda no sólo tiene que ver con la problemática de la materia invisible, sino –como ya lo vimos anteriormente– también con las grandes teoría unificadas GUT's en sus intentos unificatorios de todas las interacciones, con la salvedad de la gravedad.

¿Qué fue primero (-primero, cúmulos, luego galaxias- o -primero galaxias, luego cúmulos-)? Es algo que se debate con pasión y discrepancias. Pero en este caso, tales diferencias vienen a ser una buena señal de progreso, pues, como describía Peebles: "Hace muy poco que se ha profundizado en el asunto lo suficiente como para poder elaborar hipótesis defendibles".

Miremos ahora el problema de la materia oscura bajo otra perspectiva, la de la astronomía.

Los primeros signos de la materia oscura aparecieron en los estudios de los movimientos celestes realizados durante la década de los años 30, del siglo XX. Uno de ellos, encabezado por el astrónomo holandés Jan Hendrik Oort, examinó los movimientos de las estrellas en las regiones limítrofes de la Vía Láctea. Oort calculó cuánta masa debía de tener la parte interior de la galaxia para mantener aquellas estrellas sujetas gravitatorialmente en sus órbitas. Luego estimó la masa real de las estrellas más interiores, y llegó a un resultado que las hacía un 50 por ciento más pequeñas de lo necesario para explicar los movimientos observados. En el mismo período, un físico astrónomo suizo Fritz Zwicky de Caltech, descubrió aberraciones similares a una escala 10.000 veces mayor. Midiendo las posiciones y velocidades de las galaxias en los grandes cúmulos, detectó que éstas se movían sumamente rápido como para que su débil gravitación mutua impidiera que se separaran unas de otras. Como no hay ninguna prueba observacional de que los cúmulos estén desintegrándose, Zwicky llegó a la conclusión de que han de tener además suficiente masa no detectada como para generar la atracción necesaria.

Fig.110203
[Fig.11.02.03] En el primer dibujo, se grafica la rotación de un cuerpo sólido. Se ejemplariza como un disco sólido que gira, como un disco fonográfico, el borde exterior lo hace más rápido que la parte interior.
El segundo dibujo, representa al Sistema Solar. En el Sistema Solar, el Sol retiene la mayor parte de la masa, los planetas orbitan más lentamente cuanto más alejados están. Por ejemplo, Mercurio, el planeta más cercano, viaja diez veces más rápido que Plutón, el cual casi siempre está más lejos.
El último dibujo, representa al movimiento peculiar de las galaxias. En una galaxia, la masa se encuentra ampliamente distribuida: los índices de rotación de gases y estrellas deberían incrementarse con la distancia del centro hasta que la mayor parte de la masa de la galaxia se halle dentro de su órbita, luego debilitarse lentamente (rojo). De hecho, los índices de rotación galáctica nunca descienden (blanco), prueba de que una materia invisible mucho más allá del disco visible controla la velocidad de las estrellas.



Las observaciones astronómicas demuestran que la cantidad media de materia luminosa (la densidad luminosa) es muy débil. Viene a corresponder, más o menos, a un décimo de nucleones (protones y neutrones) por metro cúbico. En comparación, en el mismo volumen de aire atmosférico, el número de nucleones es más de un millón de miles de millones de miles de millones. Entonces, sólo cabría concebir que la materia en el universo es escasísima. Sin embargo, la fuerza de gravedad indica otra cosa.

En la primera mitad de la década de los sesenta, del siglo próximo pasado, se midió lo que se denominó la «curva de rotación». Para ello, se eligió las nebulosas denominadas M33, M101 y la gran nebulosa de Andrómeda. Estas galaxias, como la Vía Láctea, son discos gigantescos de gas, polvo y estrellas, rotando alrededor del centro. Para estimar la curva de rotación es necesario determinar la velocidad con que se mueven los objetos que estructuran a la galaxia con respecto a su centro. Ahora bien, en función de la gravitación universal, era de esperar que los objetos que se encuentran ubicado a una mayor distancia del centro de la galaxia, donde ya casi no queda ningún material visible, la curva de rotación se acercaría a cero, ya que era legítimo pensar que en esos remotos parajes la fuerza de atracción inserta en la galaxia es marcadamente débil, tanto como que los objetos que sólo se mueven lentamente pueden permanecer orbitando alrededor de ella. Pero el estudio proporcionó una sorpresa. Al contrario de lo que se esperaba, la curva de rotación se mantenía casi constante o plana, como se observa en el gráfico que se inserta a la derecha.

La respuesta astronómica a ese fenómeno fue de que la materia que éramos capaces de observar en el espacio era significativamente menor que la que predecían los cálculos de efectos gravitacionales en las galaxias. Aparte de la que se ve, debería haber mucha mas materia que no podemos ver. Pero ¿de qué se trata?

Un número importante de astrónomos consideran que esa materia invisible todavía, podría tratarse de lo que ellos han denominado MACHOs (Masive Compact Halo Objects), en castellano OHCM (Objetos con Halo Compactos y Masivos), los cuales no deberían estar formados por estrella comunes de débil luminosidad o enanas rojas como son los ejemplos de Próxima Centauro y la Estrella de Barnard. Pero también señalan que esos halos no estarían formados de gases, como es la propuesta mayoritaria de los físicos teóricos. Estiman que la factibilidad más cercana estaría dada para los halos oscuros por una constitución de objetos de cualquier tamaño, desde menos de una millonésima parte del Sol hasta millones de veces la masa de éste. Su estructura estaría dada por hoyos negros; estrellas de neutrones; enanas blancas enfriadas y resquebrajadas; enanas café o marrón, estrellas de escasa masa para encender en combustión; planetas grandes y pequeños como Plutón, e incluso asteroides.

Ahora, analicemos el fenómeno de la materia oscura dentro del marco de las teorías y leyes de la física.

"Venid escritores y críticos, que profetizan con su pluma, mantengan sus ojos abiertos, la oportunidad es única, no se apresuren en hablar, la rueda aún está girando, y no se sabe quién tiene la última palabra, ya que el perdedor de hoy puede más tarde ganar, porque los tiempos cambian." (2)

Cuando a mediados de la década de los años sesenta, del siglo XX, se tuvo conocimiento sobre los resultados de los estudios realizados para analizar la curva de rotación de las galaxias, la conclusión de éstos de que esa curva se ubicaba más cerca de lo plano -como se demuestra en el gráfico que anteriormente hemos insertado- causó reacciones, dentro del mundo de la física, marcadas por el sentimiento de la incertidumbre.

Las primeras manifestaciones sobre ese fenómeno de las curvas de rotación, sugirieron primero que eran indicativo de una desviación de la ley de gravitación universal, como lo planteó, en el año 1963, A. Finzi. A escalas muy distantes, en vez de tener una fuerza que decrezca como el inverso del cuadrado de la distancia (al doble de la distancia, la cuarta parte de la fuerza), tuviésemos una fuerza que decreciera como el inverso de la distancia (al doble de la distancia, la mitad de la fuerza), implicaría que asintomáticamente la curva de rotación tendería hacia un valor constante, función de la masa total de la galaxia.

Pero rápidamente la hipótesis de Finzi demostró un fallo y este fue identificado por Shin Yabushita. Si fuera así, de que la fuerza decreciera tan lentamente con la distancia a un valor del inverso de ésta, entonces tendríamos una situación análoga a la de la paradoja de Olbers. Los efectos de galaxias lejanas se harían sentir de tal manera que todas las galaxias estarían sometidas a fuerzas extremadamente grandes (o infinitas para un universo infinito), lo cual no se observa.

Finzi intentó corregir la teoría haciendo que la fuerza decreciera como el inverso de la distancia elevada a la potencia "1,5", el exponente que los cálculos de Yabushita determinaron como mínimo para obtener convergencia en las fuerzas.

La razón por la cual en el pasado se hicieron proposiciones para modificar la ley de la gravitación universal de Newton, se debió a que se percibía una falta de verificación de las teorías gravitacionales a escalas de sistemas galácticos y, por esta razón, incluso se llegó a cuestionar la teoría de la relatividad como válida para el estudio de cúmulos de galaxia. Entonces, solamente se extrapolaba las observaciones que se obtenían en el Sistema Solar, donde tenemos distancias de alrededor de once órdenes de magnitud menores.

Las objeciones sobre carencias de evidencias pronto -dentro del mundo de la ciencia- fueron arrinconadas por la gran cantidad de trabajos teóricos en relatividad general y cosmología, y con algunos descubrimientos con evidencias duras, reconociéndose que estos últimos no son muchos, pero sí contundentes, especialmente a los que se suelen llamar los tres tests clásicos de la teoría de la relatividad general.

Es factible argumentar que la cosmología nació con el primero: comprender que la misma oscuridad del cielo nocturno puede dar lugar a una paradoja, la paradoja de Olbers. El segundo, la hizo respetable en el mundo de las ciencias: la expansión del universo. Pero el tercero fue el de mayor importancia y relevancia para la cosmología y para su posterior rol articulador con la astronomía y astrofísica, como asimismo, también significó un rotundo éxito para la teoría general de la relatividad. Nos estamos refiriendo al descubrimiento, realizado en el año 1965, por Arno Penzias y Robert Wilson de la radiación cósmica de fondo. Un hecho que perfectamente pudo haber acontecido años antes, cuando en abril de 1948, George Gamow y colaboradores la predijeron, pero al nivel que comportaba la tecnología del momento, fue descartada como un posible efecto mensurable.

Los detalles del descubrimiento de Penzias y Wilson ya lo hemos descrito anteriormente; en consecuencia, los vamos a obviar en esta sección de este libro virtual. Lo importante es que fue este descubrimiento el que le dio no sólo apoyo, sino que también un gran auge a la teoría general de la relatividad de Einstein, y a las teorías cosmológicas que de ella se derivan con tanta naturalidad. Para describir elegantemente el universo en su totalidad, esta teoría no sólo se explica en escalas pequeñas, sino que también en las mayores, de ahí su utilidad en astrofísica y cosmología. Una de sus características importantes es que cuando los campos gravitacionales son débiles (como lo son alrededor de las galaxias y estrellas normales), y las velocidades son pequeñas comparada con la que registra la luz, las predicciones numéricas que hace esta teoría coinciden con las de la teoría de Newton. Esto indicaría, por extensión, que la teoría de Newton es aplicable hasta aquellas escalas en la que los resultados de la relatividad general no se diferencia mucho de los de gravitación newtoniana, especialmente a escalas menores que el radio de curvatura del universo. Como las galaxias y los cúmulos son mucho más pequeños que este radio, se infiere que la ley de Newton de la gravitación universal es aplicable a estos sistemas. En consecuencia, en estos momentos, viene a aparecer osado hacer ponencias sobre algún cambio en las leyes de la física para explicar la naturaleza de la curva de rotación de unas pocas galaxias. Solamente recién, en algo se ha retomado la idea de hacer alguna modificación en este aspecto, pero sus consecuencias todavía están por verse y, personalmente, espero que no sea necesario ahondar en este tipo de consideraciones y que, los cambios que halla que realizar, no sean sustanciales ni traumáticos.

La cuestión de la masa invisible flotó sin respuesta en el mundo de la física y de la observación científica hasta la década de los ochenta, en que empezaron a acumularse nuevos datos. Albert Bosman en Holanda y Vera Rubin y sus colaboradores, de la Organización Carnegie, efectuaron un cuidadoso análisis de la rotación de las galaxias espirales y en ellos distinguieron que no sólo la nebulosa de Andrómeda mostraba una curva de rotación plana. Se ha demostrado, a través de una multiplicidad de observaciones subsecuentes que se han hecho hasta el día de hoy, que todas las galaxias espirales no peculiares tienen curvas de rotación planas hasta el límite de distancias medibles. El debate sobre la materia oscura se revitalizó, y esta vez los cosmólogos, profundamente sumidos en sus propias especulaciones sobre la distribución de la masa, se sintieron atraídos hacia ella. Las observaciones del fenómeno en esas galaxias indican que se trata de algo universal y que no es cuestión de modificar o aplicar un exponente, como el que propuso Finzi para sostener su propuesta modificadora a la gravitación universal, después de los fallos que se le encontraron a su ponencia original, ya que si se necesitara realizar un cambio, el exponente que debería aplicarse para obtener convergencia en las fuerzas gravitatorias debería ser "1", y no "1,5" como propuso Finzi. Lo anterior, sumado a otros éxitos de la cosmología relativista actual como la nucleosíntesis primordial, descubrimiento de pulsares de milisegundos, experimentos en el sistema solar, lentes gravitacionales, etc., han llevado a postular la existencia de una materia todavía invisible en el universo. Las curvas de rotación de las galaxias espirales son planas debido a la existencia de materia no vista en una cantidad precisa, y distribuida exactamente en la forma adecuada para cada galaxia para producir una curva de rotación plana, y no son debidas a una ley de gravitación distinta. A este componente de las galaxias se le denomina Halo de Materia Oscura; observaciones actuales de sistemas de galaxias binarias parecen indicar que estos halos se extienden hasta distancias del orden de los 200 kpc, o 600.000 al, y que están también presentes en las galaxias elípticas y en las galaxias enanas.

LMC

Estudios observacionales, concluidos en el año 1996, sobre los efectos satelitales que se distinguen en la Gran Nube de Magallanes que orbita la Vía Láctea, indican que esta galaxia ha mantenido su forma estructural durante miles de millones de año. ¿Cómo es factible que se halla dado esta posibilidad, considerando que la Gran Nube de Magallanes aloja en su interior un número comparativamente pequeño de estrellas?

La conclusión ineludible es de que la materia visible, o sea, la materia bariónica ordinaria que contiene las estrellas, el gas de las galaxias, etc. sólo debe constituir un porcentaje que va desde un 1% a hasta un 10% de la masa de una galaxia, y que en el resto de ella debe de coexistir alguna forma alterna de materia que no hemos logrado, hasta ahora, distinguir -por lo menos, en cuanto a sus características-, ya que aparece como una resina invisible de un gran poder gravitatorio que baña a las galaxias y que determina una curva de rotación casi plana de ellas. Incluso, si se mira la razón masa-luz de las galaxias se puede estimar que la materia bariónica se encuentra entre un factor de 5 ó 10 inferior en la cantidad que se puede prever partiendo de la nucleosíntesis primordial.

La búsqueda de materia oscura es una de las tareas actuales más importante de la cosmología. Ella, literalmente estaría determinando, por un lado, la densidad de la materia del cosmos y, por otro, también podría decirse que el destino del universo.





(1) John Updike
(2) Bod Dylan







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